
El Sagrario De La Acera
Lucas 15:4-7 — La oveja perdida
Hay un ruido que no deja oír tu paso. Esta canción nace de la mirada hacia aquellos que el mundo ha decidido ignorar — es una oración hecha música por quienes duermen bajo el cielo.
Letra
Hay un ruido que no deja oír tu paso,
un veneno que adormece el corazón.
Entre cartones se deshace algún abrazo
y el alcohol es el refugio del dolor.
Hijos perdidos de una casa que olvidaron,
almas rotas que el asfalto devoró,
que se fueron o quizás los empujaron,
hasta que el miedo su mirada les borró.
Perdieron todo, hasta el nombre y la esperanza,
la fe se les fugó en un callejón.
Ya no queda ni el recuerdo de la infancia,
solo el frío de una noche sin perdón.
Se esconden donde nadie quiere verlos,
bebiendo sombras para no sentir la sed,
y aunque el mundo se ha olvidado de quererlos,
Tú sigues caminando por su red.
Señor, quédate allí, donde no hay luz,
besa su frente en el banco del jardín.
Carga en sus hombros el peso de tu cruz,
sé su manta, su consuelo y su fin.
Acompáñales Tú, aunque no te vean,
en ese infierno donde reina la ansiedad.
Que sientan tu calor cuando las calles flaquean,
y que el abandono no sea su verdad.
Bendice a los que duermen bajo el cielo,
a los que el vicio les robó la libertad.
Pon un ángel que les sirva de consuelo
en mitad de su terrible soledad.
Que su familia, aunque lejos, los perdone,
que su propia voluntad vuelva a nacer,
y que el mundo, por fin, se apasione
por rescatar lo que el odio hizo caer.
Señor, que en cada rostro herido te encontremos...
porque en la calle, Tú también tienes tu hogar.